En los barrios Saint-Jacques-de-la-Bucherie y Saint Eustache eran jauja. Las casas estaban muy pegadas unas de otras y era difícil reconocer los olores para todo el mundo menos para Grenouille. Iba por las calles reteniendo los olores y lo que él quería era encontrar nuevos aromas, que no había olido nunca. El olor que más le gustaba era el del mar, y quería ir allí algún día y olerlo. Lo que el quería era recoger todos los olores que hay en el mundo y recogerlos en su memoria.